jueves, 1 de diciembre de 2016

Adiós a Dylan

Adiós a Dylan


Foto tomada camino a Querétaro,
 a la presentación del libro 
en la que leí este texto. 
Alejandro me dijo que 
sacara los discos de la guantera, 
y que podía escoger lo que quisiera. ¬¬


El libro comienza con Omar casi agradeciendo que su novia lo esté mandando a la chingada, no porque no la quiera o porque sus palabras no lo estén rompiendo por dentro. Eso es lo de menos cuando tienes un gran pretexto para poder escuchar la canción que tenías preparada para cuando tu novia te mandara a la chingada.

porque al final,
sólo las criaturas que no repitieron hasta el cansancio una canción de despecho
es que son
ridículas

Mi primera reacción ante esta escena, de la que Omar sale heróico escuchando en un loop eterno It’s all over now, Baby Blue, fue una suerte de complicidad, empatía. Empatía entre ese adolescente, ese pinche chamaco pendejo, no con la Jimena a la que quizá también le rompieron el corazón a los diecinueve, sino con la Jimena a la que Spotify le dijo, apenas en 2015, que su canción más escuchada del año había sido Bloody Mother Fucking Asshole, (una canción muy bonita, por cierto).

Entonces, si tuviera que empezar a describir lo que en general me causó esta novela, tendría que usar esa palabra una y otra vez, empatía.

Pero primero lo primero. La novela es en realidad la banda sonora de un periodo específico en la vida de este adolescente: cada capítulo representa una canción que musicaliza los episodios de un viaje introspectivo lleno de rabia, amor desenfrenado, incertidumbre, vacío… viaje que como el de cualquier héroe trágico precisa de la revelación para tener sentido.

Omar que, sobra decir, es un fan acérrimo del ahora nobel de literatura, (sí, él lo veía venir) es un personaje con muchas aristas. Es sin duda un adolescente enojado que enciende un cigarro con la colilla de otro, le molesta que salga el sol, encuentra cierto placer en lo jodida que puede ser la vida y cree que eso puede alimentar al poeta que lleva adentro. Por otro lado, y por más que lo intente, no puede evitar  ser frágil, enamorarse. Se balanza entre la inocencia y la rabia todo el tiempo.

La historia se narra a través de una primera persona, un flujo de consciencia que parte de un aquí y ahora bien definidos. El lector va detrás de Omar, camina con él por las calles de la ciudad, se pierde en el Chopo, puede ver el monitor de su computadora, escucha la música que reproduce en su celular, entra y sale de sus fantasías, y muchas, muchísimas veces está mucho más cerca de él de lo que querría estar.

Si bien la inocencia de Omar sale a flote en la escenas como en la que golpea un teléfono, pero no tanto para no romperlo, creo que uno de los mayores aciertos de la novela es el de dimensionar a cada personaje por medio del lenguaje. Cada uno tiene una voz. La de Omar en particular se construye a partir del lenguaje crudo, explícito y sin tapujos. Al mismo tiempo lo rasposo del discurso se atenúa con sutilezas como el constante uso de diminutivos o una caprichosa elección de palabras al hablar, la manía de construir metáforas con lo que tenga a la mano, y así, nos regresan a la realidad: Omar es un adolescente, un adolescente enojado que no puede evitar enamorarse, soñar o tener miedo. Esta lucha interna entre dejar atrás la inocencia para ser crecer se refleja en la ambivalencia de sus propias palabras.  La voz narrativa alcanza un nivel de oralidad que le da un ritmo muy ágil y permite una lectura que a pesar del ir y venir por la memoria  avanza sin dificultad alguna.

Ahora, si nos salimos un poco de las páginas, me podría atrever que a decir que, en una especie de fractal, la novela en sí misma representa la búsqueda del mismo autor, así como Omar se busca por medio de Bob Dylan, Carrillo explora su propia voz como escritor por medio de la obra. No se puede dejar de ver esta novela como la búsqueda de una interlocución con todo aquello que lo ha influenciado como creador. Empezando por la interlocución literaria y literal con Bob Dylan. Por momentos, no pude evitar recordar a  Holden Caulfield de JD Salinger vagando entre las calles frías de Nueva York. Por otro lado, el talento de Carrillo como guionista porno sale a relucir de cuando en cuando. La novela, pues, como cualquier obra artística que parte de la honestidad, de un deseo genuino de expresión, le deja al lector pequeños guiños que nos hablan del autor también. Este homenaje  a los otros, creo, es el primer paso que cualquier escritor tendría que hacer en el tortuoso camino de la búsqueda de una voz que le permita establecer un diálogo de tú a tú con los escritores que le han puesto ahí. En ese sentido podría decir, valga el cliché, que Carrillo empieza con el pie derecho esta caminata.

Omar en el piso ve las piernas de una muchacha guapa…
“… desde aquí veo que las piernas de la chica son bonitas y no quiero que sienta lástima por mí. Más bien quiero que entienda por qué alguien se queda tirado en el piso en vez de defenderse, por qué alguien se hace bolita toda su vida y se queda ahí, durante años y anos, aguantándose. Pero si ni yo lo entiendo.

Con este libro Alejandro da el ejemplo de lo que puede pasar en la vida cuando dejamos de hacer bolita, de hecho, el mismo Omar dice, una vez que se pone de pie: Hago el primer intento por levantarme y veo que era más fácil de lo que creía. Aunque no por esto vayan a creer que se trata de un texto que nos dice que todo va a estar bien. No, está muy lejos de resolvernos la vida, pero sin duda la constante identificación con el personaje, las interminables caídas, la soledad…  convierten a la novela en una especie de dolor, de ese que nos causa un poquito de placer. Un poco como escuchar It’s all over now, Baby Blue (o ponga aquí la canción de despecho de su preferencia) una y otra vez cuando nuestra novia nos mande a la chingada.

Al leer Adiós a Dylan nos convertimos pues, en los cómplices de un adolescente que se encuentra en plena búsqueda y no creo que haya forma de no contagiarse de aquello, no creo que no haya forma de no sentirnos perdidos junto a Omar, un poco porque en realidad todos nacimos muy tarde y en gran parte porque somos y siempre seremos, querrámoslo o no, unos pinches chamacos pendejos.

miércoles, 18 de marzo de 2015

El cielo y Berlín

Llegué hace dos meses a Berlín. El 18 de enero.  Era domingo, por entonces el sol se ocultaba a eso de las 4:37, ni más ni menos, 37. Yo tomaba por primera vez el S-Bahn camino a casa de Úrsula y Georg. El sol a mi izquierda indicaba que, ciertamente, iba para el norte y por ningún momento imaginé que sería la última vez que lo vería en semanas, y desde luego, que era la última vez en semanas, que tendría la certeza de estar yendo al norte. De haberlo sabido, habría tomado una fotografía.



Georg me dijo que en invierno Berlín se hace mucho más grande. En mi primer día de turista, que habrá sido mi quinto día en la ciudad, caminé desde Alexander Platz a la puerta de Brandenburgo, como buena turista. Llovía y me habrá tomado más de una hora hacer un recorrido que es bastante corto, cada cinco minutos tenía que entrar a un comercio porque me congelaba. Fue quizá el más gris de los cielos que vi.  Me mudé a final de esa semana y unos días después, se abrieron las nubes, por un momento, literalmente un momento. Y yo tomé una fotografía.





Después vinieron más cielos, unos más dramáticos que otros. Dos meses de calendario han pasado, podría hablar de lo que he heho o de lo que he dejado de hacer. Pero hoy no tengo muchas palabras que decir, o tantas que no sabría donde acomodarlas, algo así como empacar. En una semana no estaré más aquí... Tengo que empezar a empacar, empezando por los cielos.




Algún punto entre Hamburgo y Berlín. 


Amanecer en Wedding.



Atardecer desde un puente, Moabit o Wedding, no sé. 


Más Wedding, el primer día con sol después de tres semanas. 


Kreuzberg. No entré a clase por esto.


Puerto de Hamburgo. 


El domingo prometido: Diecisiete grados centígrados.


 Vista del Oeste, desde el Este. Bernauer Strasse.



 No me gusta Postdamer Platz, pero bueno. 



Hoy

(todas las fotos tomadas con el cel...)